ASÍ EMPIEZA LO MALO. JAVIER MARÍAS

En una entrevista en la que se  le preguntaba a Marías de dónde partía su novela contestó:
"No lo tengo claro. No fue una frase, ni una imagen. Tenía interés en hablar de algunos temas. En la novela hay una dimensión colectiva, política, que procuré que estuviera en segundo plano y entreverada con las historias personales (...). En esta hay temas que son frecuentes en mis libros: la imposibilidad de saber del todo nada a ciencia cierta; la conveniencia de contar las cosas o no, la conveniencia de saberlas o no, las consecuencias de contar algo en un momento de arrebato...".
La parte de la cita que he subrayado pienso que podría resumir perfectamente la esencia del texto: los silencios, los secretos y las incertidumbres del comportamiento humano.
Un director de cine (Muriel) contrata en su propia casa a un joven ayudante (Juan de Vere, que es el narrador de la historia) que pronto se convertirá en espectador de una vida matrimonial desgraciada en la que el marido se comporta con extrema indiferencia hacia su mujer. En suspensión continua queda el motivo de dicho comportamiento, omnipresente en la obra pero que sabemos es a causa de un hecho misterioso del pasado que se nos oculta. Asimismo, el director le encarga al joven que vigile el comportamiento sexual de uno de sus mejores amigos, un médico, del que le han llegado rumores de actuaciones muy reprochables con las mujeres en el pasado. Por eso, el joven narrador será una especie de espía (en un caso porque se le pide y en otros por simple curiosidad humana, ya que convive con el matrimonio en la casa). Irá descubriendo nuevos comportamientos de los personajes, actuaciones íntimas que se van entretejiendo en el texto con un  pasado que en ocasiones se liga a la política del país antes de la Transición.
La venganza, el rencor, las mentiras, las complicidades, los guiños, lo callado, lo revelado, la complejidad de los comportamientos humanos... son aspectos siempre presentes en esta novela de J. Marías. Y, por supuesto, un juego de perspectivas presente en toda la obra.
Y, al final, el narrador lanza de nuevo la duda (por un aspecto importante de su vida matrimonial) del peso y la fuerza de los silencios que nunca se sabe si van o no a estallar.
Me ha gustado. 

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de
Beatriz González López
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